
Lo lamento, soy una fastidiosa total cuando se trata de los medios. Se supone que ellos fomentan la aparición de nuevo vocabulario, del buen o mal uso de las palabras o de la total indolencia para con este campo. Hemos sido testigos desde hace mucho de todo lo que se dice por radio y T.V. y la mayoría de los errores son descuidos, principalmente de l@s conductoras(es) que creen que aparecer en una cámara no amerita estudio. Así, aprendí que “Rescatando al soldado Ryan” tenía escenario en la guerra de Vietnam; que el verbo inglés “have” se pronuncia /jeif/(perdón por la libertad en la transcrpción); que en Suiza, Calvino fundó el Calvismo (¿será la religión de los calvos?) y que al agua se le llama también “¡Hache, dosss, ceeero!”
Sin embargo, lo que más veo en noticieros y programas es como se ponen de moda digamos, ciertas frases, que empiezan a usarse para todo. La de esta temporada, diría yo, es el “como tal”. No sabía que tenía tantos usos. Una lámpara como tal, un caso como tal, un programa como tal, el trabajo como tal. Si está malo o no, habrá que preguntarlo a las autoridades superiores. Yo lo he visto, en su mejor uso, en frases como la que sigue:
Mozart era un compositor sumamente popular en Praga, y fue recibido como tal en su visita a esa ciudad.
No lo sé, pero no creo, que el uso del “como tal” para decir “en sí” o especificar que un elemento es eso en su estado absoluto y que no implica más nada, esté errado en realidad. Lo que puedo decir, con sinceridad, es que el uso en el que lo veo ya me marea. Hace unos días escuché la charla de una orientadora que trataba de ilustrar a unos jóvenes acerca de las ETS:
“Las enfermedades como tales, no se tratan con simples medicamentos como tales; lo importante es el cuidado y la higiene como tal, y la visita regular a un médico como tal...”
Juro que no exagero. Y no es la primera persona a la que escucho que marea de la misma manera con la misma construcción. No creo que haga nada de daño dejar descansar un poco la expresión y abrir un poco los libros a ver qué más hay en el menú. Hay muchos modos de decir las cosas. Pero ojo, vale la pena recordar que la excesiva auto corrección sólo lleva a hacer ver los errores o las carencias educativas más evidentes. Si no, pregúntenle a los oficeales cuando los entrevistan.
“El presunto hampaón fue intercectado en la zona ya nombrada después de abatir al ceudadano presuntamente implicado también en el hecho delictivo.”
“Ceudadano por favor, apéese del vehículo”
Un compañero llamó a este tipo de palabras graciosamente: “Palabras domingueras” me gusta la definición. La elegancia viene con la sencillez.



El hispano parlante americano que no haya conocido a un español que lo haya corregido en el habla, que levante la mano. Hace poco escuché la triste anécdota de una chica que, al tener que completar sus estudios en España, decidió “adoptar” el castellano de ese país para evitar el fastidio de la eterna corrección. Ojo, con esto no pretendo jamás generalizar esta característica molesta como propia de todos los españoles. Si hay algo que se aprende durante los estudios culturales es que toda generalización es un abuso.



