27.6.06

¡Impelable!

Mi hermano me contó que vio el siguiente aviso...


"SE PINTAN CASAS A DOMICILIO"
(Vaya una buena estrategia de mercadeo)

25.6.06

Qué cosa con los plurales.

Al tener el español como lengua materna, nos parece de lo más lógico poner una “s” o “es” cada vez que queremos llevar cualquier palabra en español al plural. Para los que nos metemos en la aventura de aprender inglés, esta regla no cambia mucho, hasta que nos conseguimos con el plural de “child”, que no es “childs” sino children, ¡ni siquiera “childrens”! Y las trampillas no paran ahí... el plural de “sheep” es... “sheep” ¡igual! ¿Y entonces?

Más cómico, el plural de “wife”, es “wives” y el de “believe” es “beliefs”. Sin embargo, en materia de plurales, los anglos no son los únicos que nos dan dolores de cabeza: el plural en francés puede variar en su terminación; y eso depende del género (y no en todos los casos) Veamos el caso del adjetivo “social” Vie sociale,(sing) Rapports sociaux, rélations sociales. Mis compañeros son testigos presenciales de esta dificultad... yo no logro pegar ni uno.

Pero como siempre hay que pensar que las cosas podrían ser peor, prefiero referirme al tipo más curioso del plural que conseguí, y fue por aquí por internet: el del malayo e indonesio. Para pluralizar en estas lenguas, se debe repetir la palabra. Por ejemplo: en Indonesia hombre se dice orang, y para hablar de más de uno habría que decir “orang, orang” (de esa raíz viene, por cierto, la palabra orang-után: hombre de la selva) En casos como éste, entiendo el engreimiento de los intérpretes; yo sola en Indonesia me hubiese perdido sin remedio y quizás se me hubiesen perdido las maletas por no reclamarlas todas, al haber olvidado repetir el sustantivo.

22.6.06

Habla Maitena por mi...


Y sin embargo...

Cito a José Andrés Rojo que escribió en El País este artículo llamado "El deporte como placer estético"... me gustaron las ideas.

La vieja furia de los intelectuales que echaban pestes contra los deportes por su capacidad para alienar a las masas y desviarlas así de sus verdaderas preocupaciones queda hecha trizas en Elogio de la belleza atlética. Lo que ahí hace el filósofo, filólogo y sociólogo alemán Hans Ulrich Gumbrecht (Wuerzberg, 1948), que trabaja actualmente en la Universidad de Stanford, es contar su pasión por los más diversos deportes y reivindicar su belleza.

(...) Ampliar los horizontes del conocimiento, ofrecer los más diversos saberes, abordar las preocupaciones de la cultura y la sociedad contemporáneas: he ahí un puñado de directrices de un sello que se estrena, junto a Gumbrecht, con libros de Claus Offe (sobre la relación de Tocqueville, Weber y Adorno con Estados Unidos) o Seyla Benhabib (Las reivindicaciones de la cultura) y que publicará a Cornelius Castoriadis, Martha C. Nussbaum, Roger Chartier o Karl Löwith, entre otros.

"Los deportes tienen mucho que ver con la música", explica por teléfono en un excelente español Hans Ulrich Gumbrecht. "No pueden interpretarse, es difícil atribuirles un sentido. Como los sonidos de una melodía, las gestas de los deportistas simplemente están ahí. Imponen su presencia. De lo que se trata, por tanto, es de transmitir esa experiencia, que es una experiencia de orden estético".

El deporte se define, explica Gumbrecht, a través de dos conceptos: agón (competición) y areté (lucha por la excelencia). "Se han cargado demasiado las tintas en el carácter competitivo de los deportes. Pero si queremos neutralizar esa dimensión, corremos el peligro de eliminar la lucha por la excelencia, y prescindir de paso del reconocimiento y la admiración. No hay derrota sin búsqueda de excelencia. Pero para ello hace falta competir. Evitar la competencia es evitar la intensidad. Con los deportes entras en un rapto, y vives con intensidad a través de la alegría del juego".

21.6.06

Lo que contaba el otro día... ilustrado.




... ¿Se acuerdan del mural de hace como dos posts? Bueno, aquí está la foto... No me lo inventé...








Y para que no digan que soy antipática, monto aquí las fotos de otras partes del mural, para que vean que a pesar de todo, ¡los panas son buenos!


9.6.06

¿Y qué nombre le pondremos?


¿Qué hace que una película tenga tal o cuál título? Y ya que la mayoría de las películas de las que disfrutamos aquí son de otras tierras ¿Cuáles son los criterios de la traducción? Alguien versado en el tema me dijo una vez que al venderse las películas, los derechos de su título se iban con el comprador. Pero entonces ¿quién es el encargado de darles el nombre que destiña sobre ellas? Me gustaría hacerle algunas preguntas.

Ha habido casos (éste nos lo contó el profesor Mark el día de Inglés en la Semana de Inmersión) en el que un cambio sustancioso de título fue necesario. Cuando Free Willy (“Liberen a Willy”) llegó a las salas inglesas, los padres se llevaron una inmensa sorpresa: resulta que Willy es el nombre que se le suele dar de modo familiar al pene (como diríamos nosotros pues, la palomita) Así que, frente semejante título, imagino que más de uno se llevó una decepción dentro de la sala.

Sin embargo, debo decir que muchos de los casos que he visto son menos felices. A veces tengo la sensación de que, cambiando los títulos como los cambian, me tratan como el más tonto de los seres. Muy bien, mi inteligencia no es sobresaliente y mi perspicacia merma con los días y el estrés; pero yo creo que si veo una película que se llama Nell no tengo necesidad de que me pongan en los subtítulos Una mujer llamada Nell. Del mismo modo, Thelma y Louis, al volverse Un final inesperado en América Latina perdió todo lo inesperado del final. Otro más; el título de la bella película francesa Un long dimanche de fiançailles se refiere a los esponsales, que en el caso de estos infortunados amantes duró mucho. Estamos claros: Un largo domingo de esponsales deja sabor a aluminio en la boca… Pero ¿tenían que irse al básico extremo de Amor eterno? No lo creo.

El caso más triste que vi fue el de la también francesa Les enfants du siècle (Los hijos del siglo) que ilustra el apasionado y tormentoso período en el que Alfred de Musset y George Sand fueron amantes. Explicar el título aquí extendería mucho las líneas. Me limito a decir que la idea de ser hijos de un nuevo siglo venía con la obra literaria de Musset y su obra confesional acerca de la inquietud de los franceses luego del fracaso napoleónico. Allí, los matices fuertes están dados por el dolor del fin de su relación con Sand, cuyo resquebrajamiento definitivo tuvo lugar en el viaje que hicieron juntos a Venecia (¡sorpresa! de eso va la película). Lo mejor que se les ocurrió fue ver el poster y dijeron “¡Bingo! Éstos son los amantes del siglo”. Mataron el encanto.

Lo que digo es que títulos con tan poco condimento no hacen la trama más sencilla ni atraen más gente. Sé que hay casos en los que los marcos de conocimiento que tenemos hacen que necesitemos una manito de cuando en cuando, pero esos extremos, por favor, no. Si de igual modo, por más que sepamos nunca sabremos realmente nada, por favor, que nos permitan hacer el recorrido completo, entender claves o aprender a entenderlas, hacer ahhhhhhh por eso se llama así con la boca bien abierta dentro de la sala oscura. Queremos saborear lo recién aprendido, que en este caso, tiene un gusto divino a cotufas.

3.6.06

Manchados por los nombres

En una novela que tuve que leer en mi segundo año de francés, que debo confesar, me pareció muy mala; aprendí (al menos) una cosa: los nombres destiñen sobre las personas. Lo decía porque el personaje, aunque era marsellés de nacimiento y origen, fue encontrado por unos gitanos y renombrado Aziz… Años después lo deportaron a Marruecos pensando, por su nombre y falta de papeles legales, que era de ese país. Irónico. Pero igual trae preguntas ¿No han notado alguna vez que las Danielas son caprichosas, las Carolinas son de armas tomar, los que se llaman Juan o Juana hubieran deseado llamarse de otro modo y que las Lauras (debo meterme entre los lapidados) son altamente despistadas? Los estadounidenses, por ejemplo, sí que son atrevidos en este particular: hemos sabido de “Seven”y “Summer”, o incluso del caso del presidente Eisenhower, para quien su madre inventó “Twight” solamente para evitar el nikcname tan común entre ellos. (Fue inútil, le inventaron uno: “Ike”)


Y a esos casos se le suman los que supe por la hermana de una gran amiga que hizo sus pasantías pediátricas en la Maternidad Concepción Palacios. Escuché nombres como “Ondidey” (on the day) y “Ondinay” (on the night) y una querida uruguaya me hizo saber del extraordinario caso de un pobre al que llamaron “Cayó Maracaná” en ocasión del triunfo de Uruguay en ese año. Me pregunto entonces, cuál será el afán en dar los nombres de otro (o que parecen de otro) a las cosas nuestras. Llama mucho la atención ver chicos que se distinguen perfectamente como venezolanos y sin embargo se llaman “Maikel”, “Kevin” o “Brittany”.

Los caballos de carreras no se quedan atrás. He visto desde “Rosángelas” pasando por “Starlight Shadow” y llegando a “My beautiful queen lady” todas yeguas rápidas y hermosas. Los autobuses, parte inevitable de mi vida, me divierten todos los días con ocurrencias como “Nació varón”, “Mis tres amores”, “A mi madre” “La envidia mata” e incluso uno que exhibía un orgulloso “Y ahora que diran? (sic)” Pero lo mejor de los últimos días fue un mural con el que me topé, decorado al más puro estilo skate con todos sus nombres: mike, easy, dec'sheep y más abajo una aleccionadora frase que decía:

Soy latino, mi idioma es español.

2.6.06

¡Unidos! ¡La lucha es de todos!



Reconozco cabizbaja que muchos EIMistas adolecemos de este mal. Así que me uno a la campaña de la Academia de Cuidado Lingüístico (en la UCSD -EEUU-) . Buena iniciativa. Quizás la usemos para nuestros "o sea" (se lee /o'sá/) "a la final" o el bendito "como tal"... (sin aspiraciones puristas, ojo, lo que se usa se usa; pero no hay necesidad de quitarle seriedad al discurso en contextos determindados ¿verdad?)