28.7.06

Semana Shakesperiana - A favor de los happy endings


Hace unos posts hablábamos sobre Nahum Tate. Me gustaría ampliar un poco eso, principalmente porque de la historia posterior a Shakespeare y sobre él, este es uno de los personajes que forman parte de las anécdotas más simpáticas alrededor de El Bardo. Resulta que al más puro estilo de Phillipvision, Nahum Tate rescribió los finales de algunas obras de Shakespeare que, imagino yo, consideró no eran violencia A, sexo A, salud A y bueno... los cambió. Ahora bien, seamos sinceros, con todos los años que tiene encima la tragedia de Romeo y Julieta, el que la ve, desea con toda su alma que esos dos pobres muchachitos no hubiesen tenido semejante fin. Así pues, Cordelia termina felizmente y muy bien casada, Coriolano se volvió La ingratitud de la mancomunidad y en Ricardo II todo mundo tuvo una crisis de identidad... porque todos los nombres y muchos de los diálogos fueron completamente cambiados

No sé qué dirán ustedes al respecto, pero quizás Tate sea un buen ejemplo de la voluntad de cambiar algo que no se considere en perfecto orden. Yo tampoco quisiera que María muriera, ni que Tita la veintiúnica vez que logra estar libre con Pedro se le muriera en los brazos, que Alba hubiese tenido un final más tranquilo o que Ana no se hubiese lanzado al tren. Pero la vida es así, los escritores son crueles, el dolor sobrevive a la armonía y como diría El Crítico: así es la realidad y ya estamos grandes para afrontarla.

Volviendo a los cambios en Shakespeare, años después se acordó que las líneas del Bardo, con todo y sus errorcillos de lugar y tiempo no fueran alterados. Un ejemplo simpático de esto lo vemos en las películas, sobretodo en las adaptaciones. Fíjense que por más que haya tanques, luz eléctrica, pistolas, bicicletas o incluso nuevas figuras no se les hace mención en ningún momento. Maravillosa habilidad de los directores que logran reafirmar nuestra percepción con respecto a la atemporalidad de la fantasía casi alucinógena del buen WS.

18.7.06

Semana Shakesperiana - Estirada

¡Y no por snob! Sino porque no me ha dado chance de poner todo lo que quería. Hay mucho que decir sobre El Bardo y aunque yo no pienso decirlo todo, tampoco he terminado de sacarle la lengua...

14.7.06

Semana Shakesperiana - Una noche de insomnio à la Macbeth


Después de una larga noche de insomnio entendí mejor que nunca lo que estudiamos hace unos meses en el seminario de Macbeth. Les cuento: para complacer a su nuevo señor, Jacobo I de Inglaterra, a quien fascinaba el tema de la brujería en su natal Escocia, William Shakespeare escribió en 1606 la obra que narra la historia de un rey escocés que se hizo de la corona asesinando a su antecesor. Cuando Macbeth, duque de Glamis y luego, gracias a su desempeño en batalla, thane de Cowdor descubre por boca de seres sobrenaturales que será rey, se desencadena un sangriento efecto dominó, cuya primera pieza es el buen rey Duncan, empujado por la influencia de la poderosa e inescrupulosa Lady Macbeth que no desea otra cosa que la máxima gloria para su esposo.

Ahora, ni en los dramas de Shakespeare, ni en la historia del Reino Unido (ni de otros reinos) la intriga y la sangre alrededor de una corona resulta cosa de gran novedad. Sin embargo, el hilo que nos conduce desde el primer acto hasta el último de la tragedia de Macbeth se sirve de una fuerza dramática completamente excepcional que logra, entre otras cosas, mantenernos en la punta del asiento al más puro estilo de El Exorcista. Las palabras clave aquí: noche, oscuridad, locura y muerte.


¿Fue alguna vez de día en la Escocia de Macbeth?

Quizás un par de veces por un par de horas. Una de ellas en la mañana en la que se hace pública la muerte de Duncan, lo que acaba inmediatamente con la claridad de cualquier mañana. En esta Escocia el sol es frío y oscuro. Resulta muy difícil imaginar las macabras escenas de Macbeth en una atmósfera luminosa. Es más, la obra no sólo se sirve de la noche para arropar crímenes imperdonables, sino todo lo que ésta trae consigo: oscuridad, tinieblas, frío, miedo, silencio y por supuesto, el ambiente sórdido y amargo que trae consigo la sangre derramada.

El personaje de Kirk Douglas en Lo malo y lo hermoso sabía lo que decía cuando dijo “La oscuridad tiene vida propia”. Para que se desencadenen cualquier cantidad de desgracias en las obras dramáticas por excelencia, lo primero que debe pasar es que se haga de noche. El resto viene por sí solo. Lo importante aquí es que, al dormir, se mantiene a raya todo aquello que la noche trae consigo. Como yo la otra noche, Macbeth está condenado a no dormir más pues su conciencia lo atormenta hasta la locura a causa de sus crímenes (aunque los míos hasta ahora se basan en no saber qué hacer con la tesis y el trabajo). Así, el pobre Macbeth (sí uno le agarra gran simpatía a pesar de todo) está completamente expuesto a las voces terribles de la noche. Teniendo esto en cuenta, no es de extrañar que el número de víctimas aumente con la paranoia del nuevo y tambaleante rey.


¡Me pareció que una voz gritaba ‘no durmáis mas!’ Macbeth mata el sueño, el sueño inocente (...) el morir de la vida diaria, baño de fatigas, bálsamo de almas laceradas (...) ‘¡No durmáis mas!’ Glamis ha matado el sueño y por eso Cawdor ya no dormirá. ¡Macbeth ya no dormirá! (Acto II, escena II)

Como se espera en semejante atmósfera, la locura impregna todas las líneas. La obra comienza y se desarrolla sobre contradicciones. Y no solamente en los personajes, cada imagen representa dos cosas contrarias a la vez. Días feos y hermosos, personajes menos grandes y más grandes, la historia de un crimen y de intrigas terribles que nos atrapan como si fueran hermosos relatos. Todo dentro de la noche, de la que se sirve Shakespeare para brindarnos todo el efecto y todas las sensaciones. Es así como entendemos a plenitud que las terribles brujas que abren la obra son sabias en su introducción a una obra, terrible por su historia, pero maravillosa por su fuerza dramática, complejidad de intriga, y genialidad discursiva. Por instantes inolvidables y de gran intensidad, Macbeth hace que el espectador se transporte a otro mundo, que esté al borde del asiento al más puro estilo de El Exorcista. El diablo a veces puede decir verdad*: Hermoso es lo feo y lo feo hermoso… ¡Qué nochecita!

PD. Kurosawa adapta a Mabeth en su Trono de sangre (1957) y Polansky en Macbeth (1972). Curiosamente, la de Polansky la financió Huge Helfner con su Playboy Films.

*(Banquo: tercer acto.)

Semana Shakesperiana - Papá Lear


Se dice que El Rey Lear es, sino la más, una de las obras más grandes del amigo Shakespeare. Es la historia de un rey que reparte su reino entre sus tres hijas al más puro estilo du père Goriot y que deshereda y destierra a su hija menor por no estar a la par de las lisonjas de sus hermanas (¿A quién se le ocurre?) El rey, poco después, descubre la verdadera naturaleza de sus hijas y pierde la cabeza en gran parte, por la culpa (se veía venir) Y por supuesto, todo acaba muy, pero muy mal. El rey Lear es una historia que se desdobla ante nosotros como un cuento que posee todas las características de las leyendas célticas, excepto por el hecho de que su final es cruel como pocos. Se entiende que siglos después Nahum Tate quisiera cambiar el final en el que los buenos era castigados sangrientamente por los malos.

Mirar la obra en frío es encontrarse con una confusión total encabezada por un viejo loco y unas hijas que de lejos se ven como las hermanastras de la Cenicienta. Sin embargo, los personajes que interactúan en El rey Lear demuestran plenamente todo lo que hay de excepcional en el autor. Hemos visto ya cómo los personajes cambian y se mueven al compás de los hechos, cuando sus pasiones los traicionan. Pero es que en El Rey Lear la imaginación dramática crece adecuada a la situación en la que todos caen, lo que resulta en la expresión más sublime de los sentimientos más profundos. Lo que nos lleva un punto interesante: el lenguaje, cosa por la que, por cierto, Tolstoy criticó mucho a Shakespeare con el argumento de que no existía ser en la realidad que hablara como los personajes de Shakespeare.

Pero entonces digo yo: ¿cuál es el problema? El lenguaje shakespeariano es la pieza principal del mundo sobrenatural que El Bardo trae con sus obras. Los vestuarios, la historia, la música (sí, la música de Shakespeare) son prácticamente accesorios. Yo siempre pensé que ver cualquier obra de Shakespeare era como mirarse en el espejo y los diálogos son, en realidad, con toda su fuerza lírica, y su belleza fuera de este mundo lo que hace que los personajes estén tan cerca de nosotros mismos, aunque parezca lo contrario.

Para muestra, un botón:

[...] Allí donde un gran dolor ha tomado asiento, no ha lugar a sentir otro menor. Esquivarías un oso, pero si tu fuga te condujera hacia las olas rugientes del mar, irías al encuentro de la misma bestia [...]. La tempestad de mi alma acalla en mis sentidos toda sensación, salvo la que golpea aquí. ¡Ingratitud filial! El rey Lear (Acto III, escena IV).

PD Kurosawa hizo una adaptación de maravillosa de la historia de Lear en su película Ran (1985). Con esa fotografía y el espíritu japonés impreganando la tragedia, la experinecia se hace casi irreal.

11.7.06

Semana Shakesperiana - Se dice de mi...


Se dice que no he escrito mis trabajos, que no soy un hombre culto y que muchas de mis obras son un total desorden. Que nunca he dejado un manuscrito, que me encanta Maquiavelo, y que a mi esposa no le dejé más que mi segunda mejor cama. Pero a pesar de todo, y aunque peque de inmodesto, debo decir que tengo buen ojo para la gente. De hecho, en mi vida conocí y quise plasmar todo tipo de personas y gracias a que sentí en mis buenos años todos los tipos de amor que les son posibles a un ser humano (por favor no pregunten más sobre la Dark lady o el Fair young man) creo que mis personajes reflejan bien todo aquello que conocí (que fue bastante).

Para conocer mi filosofía es mejor ir al teatro. Sé que muchas ideas y más aún, el estilo en el que mis personajes hablan puede sonar un poco fuera de la realidad, pero es que venía más o menos así en la época, aunque reconozco que yo le eché un poco más de pimienta. Los que lean mis sonetos por favor, no me acusen de licencioso, son sólo ideas sobre la naturaleza y el amor que pocos ponen sobre el papel. Y si las mujeres aún se quejan de su papel subordinado en mis obras, debo decir que son ellas los personajes más fuertes de las historias, no porque yo lo haya inventado, sino porque así fue como pasó. La historia es la historia, yo no me inventé nada…. Además, hay que comer, no está fácil tener una jefa como la mía, que sólo cambió después por otro que creía en brujería.

Por los anacronismos, bueno; acepto que se estudien por aquí más adelante, aunque la burla duela. Pero yo opino… ¿Qué de malo hay en que las doncellas de Cleopatra jueguen billar? ¿O que en la antigua Roma suene un reloj? Hay que abrir la mente. El teatro es un negocio difícil. Sé que a veces parezco un poco desordenado, pero no pueden negar que al final remato todo con un buen golpe; total, la sangre siempre ha atraído público. Si no, que lo diga Hamlet o el mismo Tito Andrónico, en el que de casualidad y quedé yo.

Y en cuanto a la autoría que tanto se ha discutido, sobretodo por lo que se dice de mi educación, no puedo decir más que, aunque sean de quien sea, son parte ahora de la memoria universal. Si alguna vez lo fueron, hace rato que dejaron de ser mías (o de Bacon, o de Jonson o de Green o de Marlowe)
WS

Semana shakesperiana en Sacando la lengua

Sé lo que muchos dirán cuando vean el post. “Pero Shakespeare… ¿hasta cuándo? A esos que se lo preguntan, quiero decirles que hace falta divulgar un poco más sobre el Bardo de Upon Avon. No es que no sea famoso ya, ni que no haya sido estudiado; pero de pronto, nuevas visiones de otras tierras no parecen estar demás.

Digamos también que con esto cierro el ciclo que empecé hace dos años con mis electivas en la Escuela de Letras. Antes de entrar a los seminarios yo era una más de los que decía: “Shakespeare, claro, muy bueno, pero ya como que se ha dicho mucho”. En fin, el efecto de las materias fue tan seductor, que hasta mi trabajo de grado estuvo a punto de ser sobre Ricardo II. Y para más sorpresa; buscando los antecedentes, me encontré con que no había sino dos trabajos dedicados al autor… Además, estuve en los ensayos del ballet Don Quijote y escuché (muy triste) que los bailarines aseguraban que el personaje con la pluma que abría la obra era nada menos que Shakespeare… no Cervantes.

Por otro lado, el profesor que dictó las cátedras nos enseñó muy bien que la idealización de cinco siglos que tenía encima el bardo, ni era de gratis, ni tenía por qué continuar. Así que, tomando esto en consideración, y lo mucho que nombramos tantas cosas sin saber en realidad ni qué son, ni de dónde vienen; además de nuestra bendita costumbre de empezar por el final como si fuésemos los más sabidos (como buenos adolescentes), me estimula a hacer una semanita especial en el blog, con los acercamientos que he tenido al gigante de la literatura inglesa. ¡Que resulte como gustéis!

8.7.06

Proverbio ruso

Como la lengua no tiene hueso se la puede mover como se quiera

1.7.06

Las cosas como son




Estuve paseando por el país de Sikanda y me topé con una mano a las campañas contra el SIDA. Se trata de sacarse la prueba y publicarla en un sitio vsible (tu blog, tu imagen para mostrar en el msn) espero poner la mía aquí pronto y así invitar a todos a que sigan esta cadena; una de las pocas que me gustan.
Leyendo todo aquello recuerdo haberle dejado el comentario que decía que las mayoría de las campañas contra el SIDA eran hasta cierto punto, un poco abstractas. Bueno, para ser sincera, hablo por mi. Y lo digo porque a pesar de la avalancha de información que nos llega sobre el virus y el mal, me parece que la gente sabe muy poco. Para buscar apoyo sobre esto, puse "Camapañas+SIDA" en Google y revisé lo que salía. Lo primero: la página de aci-prensa sobre el SIDA. Luego, otros reportajes en Chile y Argentina sobre el rechazo a las campañas contra el SIDA. En esto no puedo ser neutral: tienen razón en algunos puntos; pero abogan por un mundo que cabe sólo en sus mentes. Me cansa sobremanera ver grupos que por un lado dicen que respetan y apoyan y por otro dejan al margen de la raza humana a los que no se ajustan a los parámetros de esta normalidad.
Rechazos y más rechazos. Es una lucha que no vamos a ganar porque no hay unión contra el enemigo. El SIDA es lo que es, porque es una enfermedad de transmisión sexual y porque el sexo a estas alturas todavía es un hoyo negro. No digo que el preservativo sea la única solución, ni que se compare con la abstinencia, pero dar la espalda al hecho de que la gente tiene sexo (¡sí! ¡la gente se acuesta más de una vez y con más de una pareja!) no hace que la actitud de todos cambie como por arte de magia. Hay homosexuales, hay sexo. Esto no es jugar al pollito inglés.
Y todo viene con las connotaciones. Por eso la información es lo primero. Es evidente que la palabra SIDA no denomina sólo a un sindrome. Es todo un botón multisémico que encierra mil cosas. Es un acto de habla con mil ramas y raices, depende de nosotros adónde se dirijan. Y sí, somos humanos, cometemos errores, por eso todos estamos expuestos. Estamos claros (por favor, a los que se lanzan directo a contradecir) que la actitud es lo primero; pero la típica represión y la negación de la realidad no es la respuesta. La lengua que sacamos aquí tiene un piercing, y le sale su prueba.