Después de publicar en el blog el poema "Los apagones" (por causas difíciles de olvidar) caí en cuenta de que el 17 de mayo, día en el que el buen Aquiles Nazoa cumplía años, se acercaba pronto. Dado que hace algunos años pasé un momento maravilloso en compañía de sus amigos más entrañables (entre ellos su hijo Claudio y su amigo Pedro) quedé en espera de alguna mención de este día, o algún evento en particular. La verdad no encontré mucho (y perdón si mi ignorancia ignora que hubo algo especial y no lo cuento aquí), por lo que me di a la tarea de escudriñar en la blogósfera venezolana acerca del poeta de las cosas más sencillas.En efecto, conseguí muchísimas referencias a su Credo, algunas otras notas hechas por estas fechas y algunos blogs cuyos autores se tomaron el penoso trabajo (porque da como pena) de copiar y pegar la biografía de Nazoa de un blog a otro. Sobre el cumpleaños, realmente nada. En tan triste situación me encontré de pronto con el blog Kalafia (http://kalafia.blogspot.com/2008/05/aquiles-nazoa-el-poeta-de-venezuela.html) y con que este 25 de abril se cumplían 25 años de su muerte. Qué lástima que en una circunstancia tan especial como ésta no hubiese manifestaciones desde el mundo de la literatura que pudieran ser visibles por todos lados. Aquiles Nazoa es una de las voces más genuinas del espíritu de este país, de nuestro carácter humorístico, alegre, burlesco, tragicómico y minimalista; sin dejar de lado la celebración por las cosas maravillosas que nos acompañan todos los días.
Siempre cabe recordar que el poeta Nazoa tuvo una vida llena de anécdotas y vivencias que se dejan ver en sus versos y en los recuerdos de sus seguidores y admiradores, algo que hace que pase a la historia de nuestro país como uno de los personajes más entrañables de la vida venezolana. Aparte de su bien conocida compasión por los cochinos, según los amigos con los que pasé el cumpleaños del poeta hace un par de años, Aquiles demostraba el peor de sus desprecios y la rabia sorda por una queja escribiendo a lápiz una carta que seguramente pondría los pelos de punta al lector (porque según él, los siguientes escalones en este sistema particular de etiqueta y protocolo era escribir en tinta y más arriba, a máquina). Según su hijo Claudio, le encantaba ir en patines dentro del apartamento familiar, y pasaba grandes rabietas si le preguntaban el porqué de semejante afición.
Con todo, Aquiles Nazoa es el gran trovador de la vida privada de los venezolanos, y no solo los de su época. Entre los detalles divinos de leer la tercera edición de su Humor y amor (1971) me conseguí con ciertos verbos irregulares con los que me reí muy identificada (aunque por supuesto con ciertas diferencias). Lo mejor de todo es que al final me encontré con una nota en la que el editor aseguraba que esos versos seguían vigentes aunque fuesen escritos para la década de los cuarenta. Leer a Aquiles Nazoa es reír con las cosas que vemos todos los días y conmovernos con la belleza que no sabemos que nos rodean. Se trata de adorar lo que todos ignoran, las cosas sencillas, los animales feos y las muñecas de trapo. Es ésta, en mi opinión y en la del poeta, la verdadera materia con que se hacen los sueños.




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