A poquísimos días de la esperada inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín se mira atrás y se ve la espesa estela que dejó el paso de la antorcha. En efecto, los bloguers documentaron y opinaron durante todo este tiempo acerca de los hechos que rodearon el paso de la antorcha: el terremoto en Sichuan, el mal karma de la invasión al Tíbet, la avalancha de gente de todas partes del mundo, el espíritu olímpico y la expectativa ante la grandiosa ceremonia en la que China desplegará oficialmente su apertura definitiva y en sus términos al occidente del mundo.Irónicamente, dentro de la lucha por dar hospedaje al evento que intenta hermanar todos los continentes en la lucha por la superación humana, el puño chino aprieta con fuerza las posibilidades de expresión dentro de la red. El esfuerzo porque la mirada foránea vea una Pekín y por forzosa extensión, una China limpia y desarrollada ha llevado hasta el tope el cuidado con todo lo que parezca una amenaza a la buena imagen que se ha intentado cuidar o el asomo mínimo de un rabo de paja.
Sin embargo, los rumores, las voces, las denuncias y las luces tendrán proporciones chinas. Estamos frente un suceso que encerrará altísimos números en cualquiera de los casos. Un activista experto en este tipo de revuelos, Antony Loewenstein(.com) hace una interesante colección de los aspectos más importantes en cuanto a expresión ciudadana con base en los Juegos. Según este periodista, muy impopular por saber restregar la sal en la llaga, las Olimpíadas serán la oportunidad de que el mundo voltee hacia China y escuche fuerte y claro a
pesar de la censura, que la gente no es un reflejo del régimen que gobierna su tierra.Pero más allá del revuelo que fácilmente puede adivinarse, el activismo se dedicó sobretodo a observar las actividades alrededor de la situación del Tíbet y de las prohibiciones que siguen siendo la base de tensas peleas a pulso entre ciudadanos y visitantes. Un ejemplo de ello está en la prohibición del ingreso de pancartas con mensajes para dar ánimo a los atletas. Las autoridades sostienen de modo más o menos escueto que su razón está en los idiomas y los carteles de los visitantes. Los bloguers adivinan que se temen más expresiones a favor del Tíbet. Los esfuerzos son titánicos, pero bastarán un par de días para que la blogósfera mundial comparta la visión de lo que finalmente se dejó ver tras la intimidante grandiosidad china.
Para visiones de adentro hacia afuera: es.globalvoicesonline.org/category/world/east-asia/china




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